jueves, 22 de octubre de 2009

II: PRIMERAS IMPRESIONES DEL R.E.A.A.


I) Merced a la invitación de una V:.L:. practicante del R.E.A.A, derivado del sistema escocés que se practicaba en París, a mediados del Siglo XVIII, asistimos a uno de sus trabajos. Nuestro instructor, decidió que nuestro aprendizaje debía incluir visitas a otras LL:. distintas en formalismos a la nuestra, enfatizando que esta L:. había influido asáz en su formación.

II) En llegados a la V:.L:., descubrimos el mismo diseño del Templo del Rey Salomón a escala menor aunque impregnado de un rojo intenso yacente en paredes, muebles, sillas, faldones de vestir de los HH:., etc. Debo confesaros que al igual que en muchos HH:.MM:. que nos antecedieron, tal color laceró mi sensibilidad. No me sentí bien durante los primeros segundos. Era una percepción áspera. Si humildemente tuviese que escoger entre colores alternos para pintar alguna L:. nueva, con toda seguridad escogería matices del azul, de preferencia pálidos. Es el color que se adapta a mi carácter y a las partes sensibles de mi alma porque trasmite páz.

Como es natural, instantáneamente pensamos en las motivaciones que habrían tenido los HH:. MM:. escoceses de esa época (1650-1740), para apadrinar tal color. Tipicamente el toro embiste específicamente la capa roja, situación aprovechada por el torero vestido de tonos claros para salir airoso de la acometida del noble bruto. Las estadísticas aseguran que los equipos deportivos vestidos de rojo, tienen más triunfos que los enfundados en otros colores. El rojo con 620-750 nm impresiona al cerebro de modo distinto al azul que trabaja en el rango de 320-435 nm. Aunque espero confirmarlo en libros autorizados de historia Mas:., lo revisado dá cuenta del empleo inicial de colores blanco y más tarde azul (1650-1723), en faldones y ornamentos del rito escocés. De modo que existe la posibilidad de que cuando los HH:.MM:. escoceses decidieron adoptar el rojo, hubiesen estado transitando por estados espirituales alterados, inducidos por persecuciones, secesiones separatistas o guerras de las que la Mas:., universal no pudo librarse.

III) Lo segundo tiene que ver con el repentino oscurecimiento artificial total de la L:. por 1 minuto, que nos pareció interminable. En tal circunstancia atiné a cerrar los ojos orando por un familiar cercano allende al norte que necesitaba energía positiva. Más tarde nuestro instructor nos enseñaría que el silencio condiciona este tipo de recogimientos.

IV) Mención aparte merece la exquisitéz del rito escocés por lo formal: piés en ángulo recto, marchas pedestres con desviaciones precisas, lecturas y golpes de mazo afiatadas en norte, oriente y sur, condimentadas con las pertinentes, memoriosas y agudas observaciones del V:.M:., que presidía la sesión. Mientras discurrían estas escenas, nuestras mentes eran acosadas por preguntas referidas a cuanta importancia debería corresponderle al formalismo y cuanta al fondo. Casi al final un M:.M:., que cual hijo pródigo anunciaba su retorno a la L:., después de muchos años, nos referiría que en América del Norte los masones no son tan formales. Mas tarde por lecturas adicionales me enteraría que formalismo y fondo corren parejas por las venas de las LL:. que practican el rito escocés, combinando simbolismos tradicionales, racionalismo y espiritualismo. Como los humanos genéticamente son dispersos, un poco de formalismo (orden y disciplina), no cae mal. No por nada las LL:. escocesas instan al aprendiz a escalar 33 peldaños (33 grados), preñados de mucha ciencia, filosofía, espiritualismo, fé y formalismo (orden).

V) Finalmente enseñanzas, observaciones, preguntas sin respuesta de parte de un V:.M:., encargado de las problematizaciones : una disquisición general del G:.A:.D:.U:., a ser profundizada en su debido momento y algunas pinceladas de dialéctica y escepticismo sano.

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